Dietética y Nutrición

Papel de los suplementos vitamínicos en la prevención de enfermedades

Está emergiendo una nueva forma de emplear los suplementos vitamínicos para la prevención de enfermedades, que se administran a dosis mucho más elevadas que las RDA. Puesto que la alimentación sola no es capaz de proporcionar estas dosis altas, son necesarios los suplementos vitamínicos

Un ejemplo es el empleo de altas dosis de vitaminas es el de la denominada ácido nicotínico o niacina, para aumentar los niveles sanguíneos del colesterol HDL (el colesterol “bueno”) y reducir los de triglicéridos.

Los suplementos de ácido fólico, el producto sintético que tiene el mismo efecto biológico que el folato, una vitamina del grupo B, se emplean para reducir el riesgo de defectos del tubo neural en los recién nacidos. Los defectos del tubo neural son malformaciones graves del cerebro y la médula, como la espina bífida y la anencefalia. Para ayudar a prevenir los defectos del tubo neural, las mujeres que quieren quedarse embarazadas deben tomar cantidades suficientes de ácido fólico, al menos 400 microgramos al día, ya desde antes de la concepción, ya que el tubo neural del embrión se forma antes de que se detecte el embarazo.

La lista de factores de riesgo prevenibles y reversibles de la aterosclerosis y el infarto de miocardio sigue creciendo. Además de los ya bien conocidos (tabaquismo, diabetes, hipertensión arterial, sedentarismo, obesidad, colesterol, etc.) recientemente se ha relacionado un nivel sanguíneo elevado de homocisteína con un mayor riesgo de muerte por infarto de miocardio. La homocisteína es metabolizada en el organismo en metionina y cisteína con la ayuda de varias vitaminas del grupo B: la B6 o piridoxina, la B12 y el ácido fólico. Por tanto, en teoría, unas cantidades insuficientes de estas vitaminas puede incapacitar la matabolización de la homocisteína, aumentando sus niveles en la sangre, lo que se denomina hiperhomocisteinemia. Esto a su vez, produce la lesión de la superficie interna de los vasos sanguíneos, estimulando la coagulación de la sangre y acelerando la aterosclerosis y el infarto de miocardio. Sin embargo, a pesar de estas sugerencias científicas, no hay evidencias convincentes ni recomendación alguna al respecto de dosis óptimas, duración del tratamiento, etc.

Las vitaminas antioxidantes son la A, la E y la C, así como los beta-carotenos (precursores de la vitamina A o provitamina A). Los antioxidantes ayudan al organismo a eliminar los radicales libres tóxicos que causan oxidación (una reacción química que produce lesión en los tejidos) en células, proteínas y material genético de ADN. Los radicales libres se forman normalmente como subproductos del metabolismo energético del organismo. Los radicales libres y la oxidación parecen estar implicados en el desarrollo de la aterosclerosis y los infartos de miocardio. Sin embargo, la utilidad del empleo de las vitaminas antioxidantes frente a los radicales libres para prevenir la aterosclerosis y los infartos de miocardio no tiene aun datos concluyentes, por lo que no pueden hacerse recomendaciones específicas al respecto.

El papel de las vitaminas en la prevención del cáncer es otra área de investigación de enorme interés. La utilidad de la vitamina E y los beta-carotenos (antioxidantes) frente al cáncer de pulmón parece no confirmarse y en realidad, se desaconseja el uso indiscriminado de estas vitaminas con este objetivo. Sin embargo, sí que parece útil el empleo de la vitamina E frente al cáncer de próstata y a la mortalidad por este tipo de cáncer. Y también parece útil el empleo de ácido fólico para reducir el riesgo de cáncer de colon.

La vitamina C o ácido ascórbico, es necesaria para la salud del colágeno, un importante material de soporte para los huesos, las articulaciones, la piel y las encías. La vitamina C también tiene propiedades antioxidantes y contra los radicales libres. Una deficiencia de vitamina C puede empeorar la curación de las heridas y, al contrario, los suplementos de vitamina C han demostrado mejorar la curación de las heridas de pacientes ancianos con úlceras de decúbito. El consumo de las frutas y vegetales ricos en vitamina C también parecen reducir el riesgo de cáncer. Sin embargo, no hay datos suficientes para confirmar ni negar la posible utilidad de la vitamina C frente a las cataratas, el infarto de miocardio, los ictus o el resfriado común. Los fumadores, los pacientes convalecientes de una intervención quirúrgica, los pacientes con infecciones graves como sepsis o infección por el VIH (virus de la inmunodeficiencia humana, causa del SIDA) pueden beneficiarse de los suplementos de vitamina C.

La vitamina D estimula la absorción del calcio de los alimentos por el intestino. Un déficit de vitamina D causa un déficit de calcio en los huesos (osteomalacia) que finalmente debilita el hueso y aumenta el riesgo de fracturas óseas (osteoporosis). La vitamina D proviene de los alimentos y de la piel, que produce la forma activa en función de la exposición a la luz del sol, por lo que la deficiencia de vitamina D es común entre los ancianos, los ingresados en instituciones, especialmente en zonas o países con poca radiación solar. En estos casos, los suplementos de vitamina D parecen ser recomendables

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