Enfermedades

Los antioxidantes podrían no ser beneficiosos para enfermos avanzados de cáncer

El pionero de la investigación del ADN James Watson cuestiona las líneas de investigación actuales en oncología y afirma que los antioxidantes podrían no ser beneficiosos para enfermos de cáncer. Watson, ganador premio Nobel en 1962 junto a Francis Crick, afirma que los antioxidantes pueden fomentar la progresión de cánceres en fase terminal

Un día después de que se hayan hecho públicos los resultados del informe nacional sobre el cáncer en los EE.UU. (2000-2009), el profesor James Watson, co-descubridor de la estructura en doble hélice del ADN, valoró de forma crítica los resultados del informe. Así, aunque la mortalidad provocada por numerosos tipos de cáncer ha declinado de forma continuada durante las últimas décadas, lo cierto es que los cánceres epiteliales o carcinomas y todos los tipos de cánceres mesenquimales (sarcomas) continúan siendo incurables en su mayor parte. En realidad, afirma Watson, el descenso de las cifras de mortalidad en los EE.UU. se debe a otros factores, como por ejemplo el que cada vez haya menos fumadores, no porque los tratamientos existentes hayan mejorado durante la última década.

En una entrevista que ha estimulado un encendido debate entre la comunidad científica, Watson comenta que la investigación contra el cáncer adolece de falta de “mando unificado”: no hay “un general” que dirija la “guerra contra el cáncer” de su país. Asimismo, también critica las actuales tendencias en investigación oncológica y el carácter “intrínsecamente conservador” de las instituciones de investigación. 

Los antioxidantes ¿aliados o enemigos?
Watson afirma también que ha llegado el momento de plantearse hasta qué punto son beneficiosos los antioxidantes para la lucha contra el cáncer.

Los antioxidantes se han convertido durante los últimos años en un factor omnipresente en numerosos alimentos y complementos dietéticos. Las moléculas denominadas Especies Reactivas de Oxígeno (Reactive Oxygen Species, ROS), las cuales incluyen los denominados radicales libres, estimulan la apoptosis, o muerte celular, ayudando así a eliminar células disfuncionales o enfermos que podrían poner en peligro el correcto funcionamiento del organismo. No obstante, estas moléculas pueden también provocar daños en ciertas proteínas y ácidos nucleicos clave, lo cual puede acabar provocando tumores. Por tanto, en condiciones de normalidad (ausencia de enfermedad) los ROS no son necesarios, siendo neutralizados constantemente por las proteínas antioxidantes; para ayudar a este proceso, durante los últimos años se ha publicitado, promocionado y/o vendido productos ricos en antioxidantes, como por ejemplo los frutos rojos como arándanos o moras.

No obstante, Watson advierte que, en situaciones de cáncer avanzado, los ROS sí que son necesarios para la apoptosis de las células cancerosas, por lo que estimular su supresión podría en realidad fomentar la progresión del tumor. De hecho, la gran mayoría de elementos empleados en la actualidad para eliminar células cancerosas (radiación ionizante, quimioterapia) operan mediante la generación, de forma directa o indirecta, de especies reactivas de oxígeno que bloquean fases clave del ciclo vital de las células tumorales.

Watson, de 84 años de edad, afirma que este trabajo “es su mayor descubrimiento desde la investigación sobre la estructura en doble hélice del ADN”. Respaldan su teoría diversos estudios que demuestran que tomar antioxidantes como la vitamina E no reduce el riesgo de padecer cáncer si no que en realidad lo aumentan.

Replantear las terapias genéticas
Cuando comenzó a llevarse a cabo la secuenciación del ADN, hace algo más de una década, los científicos esperaban que ello permitiera descubrir qué genes específicos, al mutar, provocaban el cáncer. Una vez identificados estos genes, el paso siguiente era diseñar un fármaco que bloquease dicho gen. No obstante, este método muy pocas veces da los resultados buscados, pues cuando se bloquea el gen diana, el cáncer activa un gen diferente e igualmente efectivo. El resultado: ninguno de estos tratamientos cura el cáncer; tan sólo funcionan unos pocos meses. Por otra parte, estos nuevos tratamientos son inservibles contra la metástasis de tumores de pulmón, colon o mama.

Contra esto, Watson propone un nuevo enfoque: atacar características o elementos comunes a todas las células tumorales. Uno de dichos elementos comunes serían los radicales del oxígeno. En este sentido, existe desde hace tiempo una posible diana terapéutica, la proteína Myc. Diversos estudios sugieren que desactivar esta proteína podría hacer que las células cancerosas se auto destruyan. No obstante, sostiene Watson, la investigación en la proteína Myc no ha atraído grandes inversiones; la parte del león de las inversiones en investigación científica ha ido a los tratamientos dirigidos contra las mutaciones específicas que provocan cáncer en cada paciente individualizado. “El mayor obstáculo” para emprender una auténtica guerra al cáncer, escribe Watson, será “la naturaleza intrínsecamente conservadora del establishment de investigación del cáncer”. En tanto esto siga siendo así, “siempre estaremos a 10 o 20 años de descubrir una cura contra el cáncer”.
Imprimir el artículo